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La “Bula de Meco”, una dispensa papal por la ubicación del municipio

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La Bula de Meco
Inocencio VIII y el "Gran Tendilla"

Existe el dicho popular de “no vale ni la bula de Meco” que significa algo de lo que no te puedes librar y no hay remedio. Este curioso dicho nace en una dispensa papal realizada a finales del siglo XV para los habitantes y moradores de la villa madrileña y otros lugares de alrededor.

Señor de Meco

El señor de Meco era Íñigo López de Mendoza, II conde de Tendilla, herencia de su padre Íñigo López de Mendoza y Figueroa. Este a su vez lo había recibido del suyo, el famoso Marqués de Santillana (llamado también Íñigo López de Mendoza, un nombre muy repetido en la familia Mendoza), como premio del Rey por su heroica participación en la conquista de Huelma en 1438.

Íñigo López de Mendoza "Gran Tendilla"
Retrato del «Gran Tendilla», Íñigo López de Mendoza, en el Museo del Prado por Francisco Díaz Carreño (obra copiada de Juan de Espinosa)

Fue al II conde de Tendilla, Íñigo López de Mendoza y Quiñones (1440-1515), llamado “El Gran Tendilla”, a quien le fue otorgada la famosa “Bula de Meco” en 1487 por parte del Papa Inocencio VIII.

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Bula por la distancia al mar

La bula permitía que los vecinos y moradores pudieran “sustentarse” los viernes y el resto de días de ayuno debido a la “gran distancia al mar” y la consiguiente “escasez de pescados”. Este sustento permitido incluía “laticínios” (derivados de la leche) y huevos.

La Bula de Meco
Inocencio VIII y «El Gran Tendilla»

La dispensa, que excluía los ayunos de Cuaresma, incluía no solo la villa de Meco sino otras más bajo el dominio de los Mendoza, como Tendilla, Mondéjar, Mira el Campo, Illana, Fuente el Viejo, Azañón, Loranca y Aranzueque. Además incluía no solo a los vecinos residentes sino también a los que “accidentalmente morasen” en esos lugares y aun cuando estuvieran en otros sitios siempre y cuando distaran del mar 30 leguas (unos 145 kilómetros).

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En la concesión de la bula se muestra la enorme influencia política del conde de Tendilla, tanto en Roma como en el entorno de los Reyes Católicos. El propio documento indicaba “nuestro amado hijo y noble varón” y ”destinado como orador de los muy ilustres y muy amados en Cristo. Fernando e Isabel, reyes de Castilla y de León”. Iñigo López fue embajador de los Católicos en Roma y nombrado primer Alcaide de la Alhambra tras la conquista de Granada.

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