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La Liga Santa, el camino hacia la gran victoria de Lepanto

La batalla de Lepanto es uno de los hitos militares más importante de la historia de España y probablemente el más destacable de los enfrentamientos que tuvo en el mar. La Liga Santa fue quien la hizo posible.

Ocurrió el 7 de octubre de 1571 y recientemente se han cumplido 450 años de la gesta. En ella se enfrentó la Liga Santa, formada por España, Venecia y el papado, frente al poderoso Imperio turco que tras la toma de Constantinopla un siglo siglo antes, había continuado su afán de conquista poniendo en serio aprieto a muchos territorios cristianos.

Batalla de Lepanto 1571
Cuadro de la batalla de Lepanto en la Parroquia de Santa María Magdalena de Sevilla

La formación de la Liga Santa

Durante el siglo XVI, los avances de las tropas turcas fueron notables con personajes como el sultán Solimán el Magnífico (1520-1566) y su heredero Selim II (1566-1574). El sitio de Viena en 1529, la toma de la isla de Rodas en 1522 o el intento contra Malta en 1565, fueron algunos de estos movimientos que culminaron con la conquista de Chipre en 1569. La isla, bajo la influencia de Venecia, fue un punto de inflexión que hizo saltar todas las alarmas en el Mediterráneo oriental y sobre todo a Venecia y al Papa.

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Fue precisamente el papa Pío V (1504-1572) quien lideró la unión militar entre Venecia y España para enfrentarse a los turcos en la trascendental jornada de Lepanto. El propio Selim II, tras la toma de Chipre, había proclamado que su siguiente objetivo era Venecia y después Roma. Evidentemente con lo cerca que tenían a los turcos, el Papa tenía la imperiosa necesidad que alguien liderara la defensa de la cristiandad y la principal monarquía católica era la española.

A lo largo de sus años de reinado, Felipe II estuvo enfrentado a casi todos los papas, como ya comentamos en el articulo ‘Los Papas contra Felipe II‘. El monarca hispánico solo «salvaba» precisamente a Pio V, al que consideraba un santo.

pio v y la La Liga Santa
El papa Pio V, el gran valedor de la La Liga Santa

Tras tomar Chipre en 1569, el siguiente objetivo turco era Venecia

Las reuniones comenzaron en 1570 y se plasmaron en la firma del 20 de mayo de 1571, formando una especie de “triunvirato militar” entre España, el papado y Venecia. El principal escollo inicial, y a la postre razón de la disolución, fue la desconfianza mutua que tenían Venecia y España, dos países que casi siempre habían estado en bandos opuestos. El Papa tuvo que actuar casi como pegamento entre ambos y así, se formó la Liga Santa.

Felipe II y la Liga Santa

Felipe II no tenía ningún interés en iniciar una especie de cruzada contra los turcos, pues ya tenía la monarquía hispánica demasiados conflictos en Países Bajos o los habituales enfrentamientos contra Francia. Tampoco podemos olvidar que gran parte de los intereses hispánicos se situaban en América. Pero el monarca, muy católico al fin y al cabo, debía estar al lado del Papa y así fue. Los españoles aportaron dos tercios de los soldados en aquella batalla. Hubo disensiones en la corte española, donde el sector conservador y el favorable al Duque de Alba eran contrarios al enfrentamiento, debido a que se trataba de una zona donde nada se le había perdido a España. Finalmente se impuso el afán del monarca de defender al papado y a la cristiandad junto a los que sí apoyaban la intervención, como el príncipe de Éboli, con la intercesión de los jesuitas, o el propio don Juan de Austria, que terminó asumiendo el liderazgo de la flota cristiana.

Objetivos de la Liga Santa

Se pueden destacar tres principales objetivos firmados entre las partes. En primer lugar aparecía la defensa tanto del Papa como de su estado, es decir proteger el corazón de la cristiandad. El segundo lugar del tratado hacía indicaciones al mando supremo, que recaía sobre la Monarquía Hispánica y sería asumido por don Juan de Austria, el hermanastro del rey Felipe II. Y como tercer objetivo existía la prioridad de mantener el Mediterráneo oriental bajo dominio cristiano y evitando el control turco. Esta era la gran necesidad y única prioridad de los venecianos, ya que era la principal afectada del avance turco y de su dominio en esa zona del Mare Nostrum.

Juan de Austria Marco, Antonio y Colonna Venier Lepanto
Los responsables de las flotas de la Liga Santa: Juan de Austria (mando supremo), Marco Antonio Colonna y Sebastiano Venier

Algunas curiosidades

Como curiosidad sobre la Liga Santa, tenemos que indicar que los españoles eran reticentes incluso al nombre de «Liga». No lo veían muy claro debido a que les recordaba a la «Liga Itálica» que se había firmado en 1455 y mediante la cual el papa trató de conseguir poder en la península itálica a costa de la presencia, sobre todo, de los aragoneses. Incluso propusieron llamarle «Junta» en lugar de «Liga», pero finalmente llegaron a un acuerdo y se mantuvo el nombre de Liga Santa. En la firma del tratado tuvieron notable importancia los jesuitas que presionaron a la corte española. También Francisco de Borja, que fue enviado como legado papal en el verano de 1571, para asegurarse la participación de Felipe II.

La disolución

Tras la enorme victoria de Lepanto, donde prácticamente los cristianos destruyeron toda la flota turca salvo unas pocas galeras que lograron escapar, la Liga se disolvió al poco tiempo. El papado sobre todo era el principal interesado en mantener la presencia y el hostigamiento al Imperio otomano en el Mediterráneo, pero ni los venecianos, que firmaron por su parte la paz con los turcos, ni los españoles que no tenían ningún interés en mantener grandes contingentes militares en el Mediterráneo oriental, hicieron posible que se alargara mucho más en el tiempo.

La batalla de Lepanto Basílica de Padua
La batalla de Lepanto (Basílica de Padua)

El primer escollo fue la temprana muerte del Papa Pío V en mayo 1572, que había sido el gran artífice de mantener unida la Liga. Su sucesor, Gregorio XIII, trató de continuar el legado de su antecesor pero no pudo convencer a ninguna de las partes. Enseguida volvieron las disensiones en la corte española, formándose los habituales bloques. Por un lado los favorables a continuar la campaña, entre los que se encontraban por ejemplo don Juan de Austria, apoyado por el Papa, y el otro formado por Luis de Requesens y gran parte de los conservadores de la corte, que abogaban por terminar con la Liga y centrarse en otros frentes (que no eran pocos).

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Las celebraciones a la victoria

Lepanto fue la «mayor ocasión que vieron lo tiempos» según don Miguel de Cervantes. Y sobre sus celebraciones, tenemos que decir que mientras a Colonna se le recibió en Roma casi como a los antiguos emperadores romanos que volvían de las campañas y el veneciano Venier fue tratado en La Serenissima como un héroe, a don Juan de Austria ni siquiera le permitieron viajar a la corte. Más allá de las protestas de Felipe II ante estas celebraciones, pues consideraba que tanto venecianos como papistas se adueñaban de la victoria, la realidad era clara: a finales del siglo XVI, España tenía sus objetivos en otras latitudes y el Mediterráneo pasaba a ser un objetivo secundario. Por tanto está pasividad hispana en continuar las expediciones militares, más allá de alguna realizadas en Bizerta o Túnez, dio al traste con la unión y puso fin a la Liga Santa cuya finalidad principal, que era derrotar a los turcos, tuvo pleno éxito.

Pendón de la batalla de Lepanto
Pendón de unas de las naves que participaron en la batalla de Lepanto (Museo de Santa Cruz, Toledo)

Las consecuencias de Lepanto

Una de las principales consecuencias de derrotar en tamaña batalla a los turcos, fue el fin de esa especie de halo de invencibilidad que tenían en el mar. Pese a las enormes pérdidas materiales que sufrió Selim II, numéricamente se recuperó muy pronto y se estima que en pocos meses había construido tantos barcos como había perdido Lepanto. Llegó a afirmar que solamente «le habían cortado las barbas y que le crecerían más fuertes«, pero sí se puede considerar que fue el final del avance turco a gran escala en el Mediterráneo, no ya por las pérdidas materiales pero si por las pérdidas humanas. La mayoría de los capitanes turcos perecieron en la batalla, así como grandes contingentes militares y de soldados experimentados. El poderío turco no desapareció en el Mediterráneo, como se demostró en la Toma de Túnez tan solo 3 años después, llegando a dominar prácticamente la totalidad del norte de África, pero nunca realizaron ofensivas de entidad. Desde Lepanto, los turcos comenzaron a poner sus ojos en la parte más oriental de su imperio.

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