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Pirrón, un filósofo entre la indiferencia y el despiste

Pirrón Eliense o de Elis o de Élide, vivió en el siglo IV a.C. y se le considera el primer filósofo escéptico. Fundó su propia escuela, el pirronismo, que tuvo gran importancia gracias a la difusión posterior. Dejó poco escrito, apenas una oda sobre Alejandro Magno, y lo que conocemos de él es gracias a sus discípulos y a la obra que el historiador Diógenes Laercio escribió siglos más tarde (no confundir con otro Diógenes, el de Sinope, famoso por el trastorno del que ya escribimos aquí).

Antes que dedicarse al pensamiento filosófico bajo las enseñanzas de Drusón, fue pintor,  aunque al parecer poco diestro. Según Antígono Caristio había una obra suya en su ciudad, “Los lamparistas”, de una calidad media. Vivía con su hermana Filista, una especie de matrona, a la que también ayudaba a vender pollos y lechones en la plaza o a limpiar en casa, no olvidemos que esto sucedió hace 2.500 años y no era nada habitual.

Su filosofía de la duda se basaba en la incompresibilidad de las cosas, que no son “ni ciertas ni inciertas”, como comentaba.

“Nada hay realmente cierto, sino que los hombres hacen las cosas por ley o por costumbre”
Pirrón

Se dice que fue un personaje muy despistado y que mostraba bastante indiferencia a todo lo que le rodeaba. Si estaba discutiendo con alguien y se marchaba a él no le importaba ni cambiaba su semblante, continuaba divagando hasta resolver el problema que habían planteado. Una vez le hallaron hablando solo y cuando le preguntaron les dijo “estoy meditando el ser bueno”.

Pirron
Pirrón calmado bajo la tormenta

Se cuenta que una vez Anaxarco se cayó a un cenagal y Pirrón pasó a su lado sin socorrerlo. Muchos le acusaron de no prestarle ayuda para salir del barro pero el propio Anaxarco le alabó por ser “indiferente y sin afectos”. Tampoco padecía dolor o por lo menos lo ocultaba, ante cualquier enfermedad o herida permanecía impasible.

A veces partía de viaje sin informar a nadie. Una vez navegando junto a Posidonio les sorprendió una amenazadora borrasca y Pirrón se mantuvo sereno mientras comía un lechón. Ante la sorpresa por mantener la calma le dijo “conviene que el sabio permanezca en tal sosiego”.

Pese a su aparente tranquilidad y despiste, vivió largamente hasta los 90 años.

¿Y tú qué opinas?, ¿despistado o indiferente?

Bibliografía: «Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres» (Diógenes Laercio)

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