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El emperador romano con más apetito sexual

Si hablamos de vicios romanos, o romanos con vicio, seguro que se nos viene a la mente más de un personaje, pero sobre todos ellos vamos a destacar a Tiberio, seguramente el emperador romano con mas apetito sexual. Gobernó el imperio entre el 14 y el 37 d.C., tras César Augusto, siendo el segundo emperador de la lista que casi acababa de comenzar. Era la época imperial de Roma.

La muerte de sus sucesores, primero su hijo adoptivo Germánico (19 d.C.) y luego su heredero Druso el joven (23 d.C.), ambos envenenados, provocó un cambio notable en Tiberio que terminó apartándose de Roma y de sus obligaciones, delegando el gobierno en la guardia pretoriana. En el 26 d.C. se retiró a la isla de Capri donde comenzó su verdadera etapa de desenfreno.

Construyó palacios exclusivos para sus gustos depravados. Los llenaba de jóvenes con chicos, chicas e incluso niños para sus orgías sexuales. Llegaban de todos los territorios  y eran obligados a tener relaciones en grupo delante de emperador, que ejercía de director de la «orquesta». Entre sus gustos estaba la pedofilia. Solía bañarse con niños y niñas a lo que se refería como sus «pececillos».

denario romano tiberio
Denario romano de la época de Tiberio

Según avanzaba la edad de Tiberio sufrió una rara enfermedad. Se le cubrió la cara de granos que supuraban continuamente y desprendía muy mal olor. Esto que al parecer empeoró su carácter y su sadismo. Nadie podía llevarle la contraria o podría perder las piernas, las manos o caerse por el precipicio. Disfrutaba viendo a los condenados despeñarse por él. Llegó hasta tal punto que tener relaciones sexuales con el emperador era peor que morir en sus manos.

De su locura no se libró de su propia familia. Muchos le acusaron de ser el instigador del envenenamiento de Germánico, pero no contento con ello maltrató a su mujer Agripina hasta que se suicidó.

De sus tres nietos se cebó especialmente con dos de ellos, a los que condenó a morir de hambre y después los descuartizó. El tercer nieto si que sobrevivió y además heredó el imperio. El nombre lo dice todo, Calígula. Había tomado buena nota de las acciones de su abuelo y trataría de imitarle hasta el punto que probablemente organizó su muerte. Toda Roma celebró su muerte, no sabían lo que les esperaba.

Bibliografía: “Las cloacas de la historia” (Michael Farquhar)
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