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El cautiverio de Argel, la experiencia que transformó a Miguel de Cervantes

Pocas experiencias marcaron tanto la vida y la obra de Miguel de Cervantes como los cinco años que pasó cautivo en Argel, hasta el punto que fue un punto de inflexión en su trayectoria literaria y en su forma de ver el mundo. El trauma vivido por el autor, lejos de olvidarlo, se filtró a sus textos donde aparecerán sin cesar cristianos apresados, piratas berberiscos o fugas fallidas, dando a entender que la herida no terminaba de cerrarse.

El Mediterráneo en el siglo XVI

Para comprender el alcance del cautiverio de Cervantes necesitamos el contexto de la guerra continua en el Mare Nostrum entre la Monarquía Hispánica y el Imperio Otomano, una pugna política y religiosa que convirtió el mar en un lugar de ataques, saqueos y cautiverios. Berbería era el nombre que se conocía en el siglo XVI al actual Magreb, donde Argel se convirtió en un estado berberisco plagado de piratas con protagonistas de la talla de los hermanos Barbarroja. El propio emperador Carlos V comprendía el peligro y trató de conquistarlo en 1541, pero una poderosa armada fracasó estrepitosamente por una tormenta, perdiendo más de un centenar de barcos. En la segunda mitad del siglo XVI se estima que en Argel había cerca de 25.000 cautivos cristianos, muchos de ellos llegaban a renegar para mejorar sus condiciones de vida.

La ciudad de Argel en el siglo XVI
La ciudad de Argel en el siglo XVI

De Lepanto a Argel

Miguel de Cervantes participó en la gran victoria de Lepanto de 1571, a bordo de la galera Marquesa, viviendo de primera mano «La más memorable y alta ocasión que vieron los pasados siglos ni esperan ver los venideros» como él mismo escribió en el prólogo de sus Novelas ejemplares. Pese a resultar herido tras recibir tres arcabuzazos, uno de ellos dejó su brazo izquierdo inutilizado, aunque no manco, heridas que llevaba con honor, podemos decir que España perdió un soldado y ganó al autor del Quijote.

Miguel de Cervantes en la batalla de Lepanto
Miguel de Cervantes en la batalla de Lepanto (Augusto Ferrer-Dalmau)

Sin embargo no todo iba a ser tan fácil tras la gran batalla contra el turco. Antes de volver participó en expediciones militares en Bizerta y Túnez, tras pasar por Nápoles y Sicilia, en septiembre de 1575 inició el viaje de vuelta a España junto a su hermano Rodrigo. Cuatro naves pusieron rumbo a Barcelona pero una tempestad dispersó la flota quedando su galera Sol en solitario, siendo atacada por corsarios berberiscos cerca de Rosas, que los capturaron y los llevaron a Argel.

La clave fueron las cartas

Cervantes había sido ascendido a «soldado aventajado» y obtuvo tras su valor en batalla unas cartas de recomendación del mismísimo Don Juan de Austria, el hermano de Felipe II que había dirigido la escuadra de la Liga Santa en Lepanto y también del duque de Sessa. Dalí Mamí era el corsario que lideraba la flota que los capturó y al ver las cartas entendió que se trataba de un personaje importante, fijando su rescate en 500 escudos de oro una cantidad enorme para la época, actualmente ese oro equivaldría a más de 100k euros.

Cervantes preso en Argel ante Hasán Bajá
Cervantes ante Hasán Bajá

Y así fue como Cervantes comenzó su reclusión en Argel internado en los «baños», que era como se conocía a las prisiones donde los cautivos aguardaban a que sus familias negociaran su libertad a través de órdenes religiosas. La dura vida de los cautivos con castigos y privaciones, oscilaba entre la esperanza y la desesperación ante la posibilidad del pago de un rescate que no siempre llegaba.

Las fugas de Cervantes

Cervantes nunca se resignó al cautiverio y protagonizó hasta cuatro intentos de escapada. La primera en 1576 cuando trató de huir con otros compañeros hacia Orán, plaza por entonces bajo dominio español y que distaba unos 400 km, pero fueron abandonados por el guía y tuvieron que volver, siendo duramente castigados. La segunda, un año después, fueron ayudados por un jardinero cristiano para que catorce de los cautivos se resguardaran en una cueva fuera de Argel a la espera de que unos marinos españoles los recogieran. Sin embargo, un renegado español les delató y fueron de nuevo capturados y el jardinero ahorcado. Respecto a este suceso, hay que destacar los escritos de Antonio de Sosa, clérigo y humanista que estuvo también cautivo en Argel y que en su texto Topografía hablaba sobre «un hidalgo de Alcalá de Henares, autor de este negocio y por tanto el más culpado». Esta referencia a su origen ayudó a encontrar la partida de bautismo en la ciudad complutense.

Liberación de Cervantes tras 5 años cautivo en Argel
Liberación de Cervantes

Aún hubo dos intentos más, el último en 1579 donde planificó la fuga de sesenta cristianos en una fragata que habían comprado a un mercader valenciano, sin embargo fueron de nuevo delatados. Cervantes asumió todo el peso de la fuga probablemente porque se sabía del gran interés para el rey de Argel, que si bien le perdonó la vida, le hizo creer que sería ahorcado y le cargó de grilletes y cadenas. El gobernador o rey de Argel era Hasán Bajá (o Baxá), hijo de uno de los hermanos Barbarroja, que había comprado al esclavo Cervantes al cosario Dalí. En julio de ese año Leonor de Cortinas, madre de Cervantes, había logrado reunir 300 escudos para la liberación de su hijo. Dos años antes había hecho lo propio para liberar a su hijo Rodrigo.

En la primavera de 1580, fray Antonio de la Bella y fray Juan Gil, de la orden de los Trinitarios, llegaron a Argel con el dinero y las órdenes del Consejo Real de realizar el rescate de cautivos. Sin embargo, las cantidades no alcanzaban para el coste solicitado por Cervantes. Baxá había sido depuesto por el sultán otomano y debía volver a Constantinopla con sus barcos llenos de esclavos, entre ellos Cervantes. Pero sorpresivamente, antes de partir, fray Juan Gil le ofreció 500 escudos que le convencieron con la condición que debían ser «quinientos escudos de oro de España», como indicaba el acta de rescate sobre Miguel de Cervantes «estropeado en el brazo y mano izquierda» y de fecha «a diez y nueve días del mes de septiembre”.

liberación de cervantes gracias a fray Juan Gil
Fray Juan Gil paga el rescate a Hasán Bajá

La huella de Argel en Cervantes

Y así fue como el soldado de la galera Marquesa durante la batalla de Lepanto regresó a España en 1580, nueve años después de la legendaria victoria. Las huellas de su cautiverio le acompañaron el resto de su vida y fue motivo recurrente en todo el imaginario cervantino, como en El trato de Argel, La Galatea y en su obra póstuma, Los trabajos de Persiles y Sigismunda. En el Quijote encontramos el capítulo «Donde el cautivo cuenta su vida y sucesos”, en los que un soldado narra sus vivencias preso en Argel, sus intentos de escapar y la tensión por el incierto futuro, todo un testimonio personal en tono novelesco. Los escritos de Cervantes muestran una insistencia de revivir el trauma, con esclavos, guardianes musulmanes, jaulas y cadenas, cautivos solidarios y fugas frustradas, personajes que forman un mundo propio donde parece haber domesticado las cicatrices de sus años de esclavitud.

Estos cinco años son el periodo mejor documentados de la vida de Cervantes. Para muchos de los estudiosos del escritor universal existe una gran relación entre el trauma y la creatividad de su obra, hasta el punto que no se puede saber qué hubiera sido de la obra sin los años de cautiverio. Lo que no podemos olvidar es que hasta viajar a Italia en 1569, el autor solo había escrito algunos poemas, pero su regresó de Argel fue el comienzo de su gran carrera como escritor.

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1 COMENTARIO

  1. Buenas tardes a todos.
    Muy interesante y didáctico artículo sobre el cautiverio ¡de Cervantes en Argel, más en estos momentos cuando esta a punto de estrenarse la película de Alejandro Amenabar sobre este episodio de la vida del escritor. Me han llamado la atención, sobre todo, los detalles sobre los diversos intentos de fuga.

    Saludos

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